-Olmo, mi Señor, -susurró Malfoy. -¿Y el centro? -Dragón… nervio de corazón de dragón. -Bien, -dijo Voldemort. Sacó su propia varita y comparó sus longitudes. Lucius Malfoy hizo un movimiento involuntario; durante una fracción de segundo pareció como si esperara recibir la varita de Voldemort a cambio de la suya. El gesto no le pasó por alto a Voldemort, cuyos ojos se abrieron maliciosamente. -¿Darte mi varita, Lucius? ¿Mi varita? Algunos de los miembros de la multitud rieron. -Te he dado tu libertad, Lucius, ¿no es suficiente para ti? Pero he notado que tú y tu familia parecéis menos felices que antes… ¿Qué hay en mi presencia en tu casa que te disguste, Lucius? -Nada… ¡nada, mi Señor! -Que mentiroso, Lucius… La suave voz pareció sisear incluso después de que la cruel boca hubiera dejado de moverse. Uno o dos de los magos apenas reprimieron un estremecimiento cuando el siseo creció en volumen; algo pesado podía oirse deslizándose por el suelo bajo la mesa. La enorme serpiente emergió para escalar lentamente por la silla de Voldemort. Se alzó, pareciendo interminable, y fue a descansar sobre los hombros de Voldemor; su cuello era más grueso que el muslo de un hombre; sus ojos, con sus rajas verticales por pupilas, no parpadeaban. Voldemort acarició a la criatura ausentemente con largos dedos finos, todavía mirando a Lucius Malfoy. -¿Por qué los Malfoy parecen tan infelices con su suerte? ¿No es mi retorno, mi ascenso al poder, lo que profesaban desear durante tantos años? -Por supuesto, mi Señor, -dijo Lucius Malfoy. Su mano
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emblaba cuando se limpió el sudor del labio superior-. Lo deseabamos… lo deseamos. A la izquierda de Malfoy su esposa hizo un extraño y rígido asentimiento, sus ojos evitaban a Voldemort y a la serpiente. A su derecha, su hijo, Draco, que había estado mirando fijamente hacia arriba al cuerpo inerte en lo alto, miró rápidamente hacia Voldemort y apartó la mirada una vez más, aterrado de hacer contacto ocular. -Mi Señor, -dijo una mujer oscura en mitad de la mesa, su voz sonaba constrecnida por la emoción-, es un honor tenerte aquí, en la casa de nuestra familia. No puede haber mayor placer. Sentada junto a su hermana, tan diferente a ella en aspecto, con su pelo oscuro y ojos pesadamente perfilados, como lo era en aguante y comportamiento; donde Narcissa se sentaba rígida e impasible, Bellatrix se inclinaba hacia Voldemort, como si las meras palabras no pudieran demostrar su anhelo de estar más cerca. -No hay más alto placer, -repitió Voldemor, su cabeza se inclinó un poco a un lado mientras evaluaba a Bellatrix-. Eso significa mucho, Bellatrix, viniendo de ti. La cada de ella se llenó de color, sus ojos se inundaron de lágrimas de deleite. -¡Mi Señor sabe que no dijo mas que la verdad! -No hay más alto placer… ¡ni siquiera comparado con el feliz evento que, según he oído, ha tenido lugar esta semana en tu familia! Ella le miró, con los labios separados, evidentemente confusa. -No sé lo que quieres decir, mi Señor. -Estoy hablando de tu sobrina, Bellatrix. Y la vuestra, Lucius y Narcissa. Se acaba de casar con el hombrelobo,
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