I - SE EQUIVOCAN DE PUERTA
Esta esuna historia sobre algo que sucedió hace mucho tiempo, cuando tu abuelo era niño. Es una historia muy importante, porque relata cómo empezaron todas las idas y venidas entre este mundo y la tierra de Narnia. En aquellos días el señor Sherlock Holmes aún vivía en la calle Baker, y los Bastable buscaban tesoros en Lewisham Road. En aquellos días, si hubieras sido * niño, habrías tenido que usar todos los días el cuello duro de Eton ; y los colegios eran, por lo general, más antipáticos que ahora. Pero la comida era exquisita, y en cuanto a los dulces, no te diré lo baratos y buenos que eran, porque se te haría agua la boca en vano. Y en aquellos días vivía en Londres una niña llamada Polly Plummer. La casa de Polly formaba parte de una larga hilera de casas pareadas. Una mañana había salido al huerto, cuando de pronto un niño trepó desde el jardín vecino y asomó su cara por encima de la tapia. Fue una gran sorpresa para Polly, puesto que hasta entonces nunca hubo niños en esa casa, sino solamente el señor y la señorita Ketterley, hermano y hermana, un solterón y una solterona que vivían allí juntos. De modo que miró hacia arriba, muerta de curiosidad. El niño desconocido tenía la cara sumamente sucia. No podía tener más mugre, aunque se hubiera restregado las manos en la tierra, y luego hubiera llorado a mares, y después se hubiera secado la cara con las manos. En realidad, eso era casi exactamente lo que había hecho.
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—Está bien, así es —dijo Dígory, en voz mucho más alta, como un niño que tiene tanta pena que no le importa que sepan que ha estado llorando—. Y tú harías lo mismo —prosiguió—, si hubieras vivido toda tu vida en el campo y hubieras tenido un mampato, y un río al fondo del jardín, y de repente te trajeran a vivir en un maldito pueblucho como éste. —Londres no es un pueblucho —replicó Polly, indignada. Pero el niño estaba demasiado dolido para prestarle atención a ella, y continuó: —Y si tu padre hubiera partido a la India..., y tú hubieras tenido que venir a vivir con una tía y con un tío que está loco (¿qué me dices?)..., y si la razón fuera que ellos están cuidando a tu madre..., y si tu madre estuviera enferma y fuera a..., fuera a..., a morir... Y puso esa cara tan rara que uno pone cuando está tratando de tragarse las lágrimas. —No lo sabía, perdóname —dijo Polly, humildemente. Y como no halló qué decir, y también para distraer a Dígory con temas más alegres, le preguntó: —¿El señor Ketterley está verdaderamente loco? —Bueno, o está loco —repuso Dígory—, o hay algún otro misterio. Tiene un estudio en el piso de arriba y la tía Letty me dijo que no debo subir nunca a ese estudio. Bueno, eso para empezar ya huele a gato encerrado. Y además hay otra cosa. Cada vez que él trata de decirme algo a la hora de comida —nunca ni siquiera trata de hablarle a ella— tía Letty siempre lo hace callar. Le dice: “No molestes al niño, Andrés”, o si no: “estoy segura de que Dígory no quiere oír nada de eso”, o bien: “mira, Dígory, ¿por qué no sales a jugar al jardín?” —¿Qué tipo de cosas trata de decirte? CONTINUA...
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